El melodrama que hacía llorar a Marnie

El melodrama que hacía llorar a Marnie
  • Fecha de estreno: Miércoles, octubre 31, 2018
  • Sinopsis:

    Por Hugo Chaparro Valderrama

    Marnie fue una chica tan melodramática que bien merecía una ópera. Su madre la maltrató sin que ella comprendiera los motivos de su infancia miserable. Los hombres le destrozaron la vida. Era tan bella que la asediaban como si estuviera hecha de miel y sus galanes fueran moscas, incluso peores que moscas. Sus trastornos sicológicos la hicieron sufrir de cleptomanía. No toleraba el color rojo. Se redimió de sus desgracias amando a un caballo que le regaló el que fue, paciente y tercamente, su esposo -a la fuerza y en contra de los deseos de Marnie-.

    Una biografía vivida como un calvario pasional, narrada por el novelista británico Winston Graham en Marnie, que nos permitió conocerla íntimamente en fragmentos como este: “Supongo que tengo una mente curiosa o algo así, pero todo tiene que ser como debería ser, y así es como me gusta ser también con la gente”.

    Una novela adaptada al cine por Alfred Hitchcock, el hombre que se vengaba de las mujeres maltratándolas en el set -la obesidad del director no era un estimulante erótico, al contrario, era el clímax de la carne, plena y juiciosamente nutrida, que reducía la pasión al anticlímax sensual-.

    La versión que hizo Hitchcock de Marnie, adaptada a la pantalla tres años después de que Graham publicara su novela en 1961, cumplió con lo que Francisque Sarcey, el crítico que reinó entre los críticos teatrales franceses del siglo XIX, señaló acerca de Les Pirates de la Savane, escrita por otro autor melodramático, Anicet-Bourgeois: “Todo el secreto consiste en poner constantemente a la desgraciada heroína en un peligro extremo, del que se la sustrae para precipitarla en otro, y así hasta que se casa con su novio”.

    Marnie no se da cuenta pero el peligro extremo de la desgraciada heroína es ella misma, su mente curiosa que la amenaza sin tregua y explota en pedazos cuando se casa con su jefe, que ni siquiera es su novio sino un millonario que quiere experimentar con ella, intrigado por el misterio que representa la chica.

    Quiere ser la fierecilla indomable que muestra sus garras en un mundo cruel. Su marido intenta “domarla” como si fuera un jaguarandí. Está convencido de su credo: “Las hembras de los animales son en su mayoría depredadoras”. Una conclusión a la que pudo llegar cuando repasó su libro preferido: Aberraciones sexuales de la mujer criminal.

    El suegro de Marnie no ayuda. Piensa, como un filósofo equino, que “lo mejor del mundo interior de un hombre o de una mujer se encuentra en el exterior de un caballo”.

    Acorralada por el miedo y su angustia, Marnie le grita a su esposo, con la sintaxis salvaje de Tarzán: “Tú Freud…Yo Jane”. Así evita que la lujuria masculina la conduzca hacia el diván donde Marnie lo que necesita es un sicoanálisis que la sumerja en el pánico de saber quién es y por qué vive al límite de sus nervios.

    Hasta su madre la rechaza. Louise Latham, la actriz que debutó en el cine como la madre de Marnie, un personaje que sufre la pesadilla de un accidente traumático, acepta a regañadientes los gestos de amor devoto con los que Marnie desea recuperar un cariño opacado por el tiempo. El dolor es demasiado grande. Le recuerda a la mujer su vida prostibularia y su relación desastrosa con un marinero de aguas turbias, interpretado en la película por Bruce Dern, el actor que hizo de su voz nasal un estilo.

    Para empeorar las cosas, la versión española de Marnie fue titulada Marnie, la ladrona. Si en inglés tenía la dignidad de su nombre, la gracia de la pobre Marnie terminaba desgraciada por el adjetivo con el que fue calificada en español. La señora Latham decía: “Todo lo que quiero de la actuación es satisfacer mi alma”. ¿Qué habría dicho Marnie? ¿Tippi Hedren, la actriz que protagonizó a Marnie, asediada físicamente por la mole de Hitchcock? ¿“Todo lo que quiero de la actuación es satisfacer el ego de Hitch”? ¿Con el que rodó, soportando sacudidas emocionales, The Birds el año anterior a Marnie?

    Una historia que se convirtió en fetiche para el arte que no reconoce fronteras, nutriéndose, como el compositor Nico Muhly cuando escribió su ópera Marnie, de la literatura de Graham y el psicodrama de Hitchcock; de la mujer que tenía un remolino de monstruos nadándole en su cabeza.

    Alfred de Musset, romántico de profesión, exclamó: “¡Viva el melodrama, que hacía llorar a Margot!”.

    La terapia del llanto para desahogar la tristeza le sirvió a Marnie después de varias crisis de cólera, confusión, terror y pasiones desquiciadas por el afán de sobrevivir - sobre todo de sobrevivirse a sí misma con el auxilio incondicional de su esposo-. ¡Arriba el telón! ¡Bienvenidos al delirio de Marnie!

    Disfrute de Marnie en salas de Bogotá, Chía, Medellín, Cali, Barranquilla, Bucaramanga, Cartagena y Manizales el 10 de noviembre de 2018 y el 9 de febrero de 2019.

  • Género: Met Ópera