La muchacha del oeste de Giacomo Puccini

La muchacha del oeste de Giacomo Puccini
  • Fecha de estreno: Lunes, octubre 22, 2018
  • Sinopsis:

    Por David Feferbaum

    Resumiendo, la historia ocurre en el Lejano Oeste de los EE.UU., durante la fiebre del oro, cuando, pistola en mano, bandidos y hombres de ley se pavonean a sus anchas. Minnie, dueña de la única cantina del lugar, se enamora de Johnson, un forajido recién llegado que, también atraído por la joven, depone sus malvados planes. Perseguido y herido, se refugia en la cabaña de la muchacha, pero una gota de sangre que cae de su escondite lo delata. En un juego de cartas, en el que ella hace trampa, Minnie logra salvarle la vida. Más adelante, sin embargo, vuelve a ser perseguido y apresado. Ante la eventualidad de la horca, Minnie pide compasión, recuerda lo que ha hecho por el pueblo y logra su libertad. La pareja emigra para iniciar una nueva vida.
     
    Puccini (1858-1924) había basado su ópera anterior, Madama Butterfly, en un drama del escritor estadounidense David Belasco (1853-1931), hijo de emigrantes británicos que en 1848 habían llegado a California con la primera ola de buscadores de oro. En 1907, durante su primera visita a Nueva York, Puccini asiste a la obra de teatro La chica del dorado oeste, también de Belasco, en la que éste incluía anécdotas oídas a su padre, entre ellas la del bandido escondido en un ático y las delatoras gotas de sangre (escena que también, valga decirlo, se convertiría, mucho después, en una de las clásicas del llamado “primer spaghetti western”).
     
    Esta experiencia teatral puso fin a tres años de búsqueda incesante de un tema operístico adecuado por parte de Puccini, y le permitió mostrar al mundo su significativa capacidad de evolución musical.
     
    En 1903, un financista y mecenas del arte, el alemán Otto H. Kahn (1867-1934), lideró la vinculación al Metropolitan de Nueva York de dos italianos que transformarían este escenario tal vez en el más prestigioso del mundo: Giulio Gatti-Casazza (1869 - 1940), que ese año inició labores como gerente general, cargo que ocuparía por 27 años; y Arturo Toscanini (1867-1957), que en la misma fecha asumió como director principal. Si bien uno de los objetivos propuestos era descubrir y producir óperas americanas, al conocer la de Puccini, unos años después, no dudaron de que, con esa temática, debía ser estrenada en el Met, cosa que ocurrió en 1910, marcando, de paso, el gran despegue de la sala.
     
    Mientras las óperas anteriores de Puccini mostraban caracteres regidos por un destino en cierta medida ineludible, aquí el tema es la redención y con ella el final feliz. Pero, no es solo la suerte de los personajes lo que difiere sustancialmente, es la evolución misma del compositor la que resulta asombrosa.
     
    Aunque en la escritura de La Fanciulla se puede rastrear la influencia de Debussy, posible resultado del estudio de Peleas y Melisande por Puccini durante la composición, también es evidente que buena parte de las disonancias y armonías empleadas derivan de óperas como Salomé y Elektra, de Strauss. Todo esto marca un hito en el universo de la ópera y en la madurez del compositor. Pero, además, como señala Gianmaria Griglio, usar el material temático a la manera wagneriana, le permite al compositor una impresionante creación de “texturas psicológicas” dominantes en toda la obra. A esto habría que sumar la novedosa incorporación de ritmos y melodías de la música norteamericana.
     
    Notable es también el uso pionero de “instrumentos preparados” -mucho antes que John Cage- al indicar, por ejemplo, que una de las dos arpas prescritas debe tener papel entre las cuerdas; o utilizar un instrumento construido especialmente con una serie de placas metálicas, montadas en una caja armónica, para producir un vibrato particular; o usar una máquina de viento semejante a la de Strauss en Don Quijote. Y, como si esto fuera poco, la orquestación de esta ópera será siempre motivo de estudio y ejemplo de perfección.
     
    En su estreno, Puccini, los solistas, Belasco, Toscanini y Gatti-Casazza debieron salir numerosas veces al escenario. Se habla de catorce al final del primer acto, diecinueve luego del segundo y otro tanto al final. Un delirio de ovaciones y de flores. Fue una noche que consolidó también la leyenda de Caruso (1873-1921), que interpretó el papel de Johnson.
     
    Dicho esto, no deja uno de preguntarse cómo un público tan conservador como el del Metropolitan de entonces, logró una conexión tan emotiva con la obra. Tampoco si el ambiente musical actual podría aceptar tan calurosamente una manifestación similar. No estoy seguro. De pronto, como ha sucedido, podría ser tachada de antimúsica.

    Disfrute de La Fanciulla del West en salas de Bogotá, Chía, Medellín, Cali, Barranquilla, Bucaramanga, Cartagena y Manizales el 27 de octubre y el 8 de diciembre de 2018.

  • Género: Met Ópera