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RÍO ABAJO

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RÍO ABAJO

Río Abajo es un trabajo que nos deja ver el día a día de aquellos que, como Fernando Trujillo, han dedicado décadas de su vida a la conservación de las especies y el medio ambiente en lo que es considerado el pulmón del mundo, la Amazonía.

Fernando llegó al Amazonas siendo un joven biólogo con una misión idealista: salvar a los delfines. Su empatía con el tema fue tan fuerte que los locales decían que él había sido un delfín en su vida previa, razón por la cual la palabra que ellos usan para referirse al animal, Omacha, le da el nombre a su Fundación. Su vida como científico ha sido tan reconocida, por su labor de 30 años en pro de estos mamíferos en vía de extinción, que recibió el Whitley Gold Award.

Richard Rassmusen, la otra figura destacada de Río Abajo, es una súper estrella de la televisión en Brasil. Tras sumergirse en la selva amazónica y conocer el estado lamentable del delfín rosado, que es utilizado como carnada para atraer el pez mota, un pescado carroñero de gran valor y que además contiene altos niveles de mercurio, Rasmussen decidió mostrarle al mundo esta realidad que pocos conocen.

Las historias de Fernando y Richard se entrelazan en Río Abajo, pues ambos luchan por la conservación del delfín rosado desde sus oficios; Fernando recolecta datos científicos que generan conocimiento académico para ser aplicado en la conservación, mientras que Richard difunde masivamente sus vivencias con estos animales para crear conciencia de su posible extinción. No obstante, el trabajo que realizan en este documental para exponer esta situación los lleva por caminos inesperados y angustiosos.

Aproximadamente 30 millones de personas viven en la cuenca amazónica, que comparten Colombia, Brasil y Perú, lo cual implica grandes retos para la economía de la población, pues dependen de los recursos naturales para sobrevivir. Sin embargo, esto parece ir en contra de la preservación de las especies locales, y los gobiernos no proveen soluciones. El paradigma persiste, pues las opciones son limitadas para las personas que viven en esta, la zona más biodiversa del planeta.

Las preguntas se multiplican tras ver el trabajo del director colombiano, radicado en tierra estadounidense, Mark Grieco: ¿Estamos comiendo animales con altos niveles de contaminación con la complicidad de los gobiernos? ¿El delfín rosado seguirá siendo usado como carnada para proteger los intereses de las grandes industrias pesqueras brasileras y colombianas? ¿Por qué no hay alternativas sostenibles para las comunidades pobres que viven en la cuenca del Amazonas, y que se ven forzadas a cometer este tipo de crímenes? ¿Alguien escuchará a las personas que llevan más de 30 años viviendo y estudiando la zona? ¿Hay que matar a un delfín para que el mundo pueda verlo y creer que así estamos acabando con su especie para generar concientización masiva?