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Más allá de la ”Marcha triunfal”

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Más allá de la ”Marcha triunfal”

Por José Daniel Ramírez Combariza 

Aída de Giuseppe Verdi (1813-1901) es, sin lugar a dudas, una de las obras que reciben mayor admiración cuando nos referimos a las composiciones para la escena lírica del mundo. Melómanos incluyen este título en el llamado ABC de la ópera, junto a Carmen de Georges Bizet y La bohème de Giacomo Puccini. Gran parte de la fama de Aída es debida a su espectacular Marcha triunfal, la cual se escucha con frecuencia en un contexto ajeno al mundo de la ópera. A través de las décadas esta obra se ha presentado en escenarios imponentes como la Arena de Verona, las Termas de Caracala,en Roma, y la Ópera Metropolitana de Nueva York, con montajes grandiosos que evocan su histórico estreno en El Cairo el 24 de diciembre de 1871. Para la mencionada ocasión, los protagonistas lucieron vestuario confeccionado en París, el oro y la plata de los decorados y accesorios deslumbraron al público asistente, en escena aparecieron más de 300 personas y para la mencionada Marcha triunfal, el compositor mandó construir trompetas sin pistones de un metro y medio de extensión. Estos instrumentos se conocen hoy como las trompetas de Aída.

La realidad musical y escénica de Aída va más allá de su bella Marcha triunfal, la cual tiene lugar exactamente en la mitad de la ópera. Con esta obra Verdi une de manera perfecta la gran ópera, tan apreciada en Francia, con un mundo íntimo que emociona de manera particular al espectador. Nuestro musicólogo Otto de Greiff, cuando hablaba de Aída, hacía una clara diferencia entre los dos primeros actos y los dos últimos. El drama de los dos primeros actos se desarrolla acompañado de grandiosos números corales, danzas y una densa orquestación, mientras que en los actos tres y cuatro, las emociones de los protagonistas se resaltan a través de una orquestación muy delicada con momentos que nos hacen pensar en la música de cámara.
 
Es importante, para una mayor comprensión de Aída, mencionar que el maestro Verdi traía a sus espaldas veinticinco óperas en el momento de componer esta obra. El Oso de Busseto, apodo cariñoso que a él se le daba, era considerado entonces el hombre más rico de Italia después del rey. El propio compositor consideraba que ya lo había dicho todo cuando de ópera se trataba y por ello aceptó el reto de Aída con gran cautela. Las veintitrés páginas de la sinopsis trabajada por el egiptólogo Edouard Mariette-Bey se convirtieron entonces en lo que para muchos es la obra maestra verdiana.
 
Giuseppe Verdi no asistió a la primera representación de su ópera en El Cairo. Para él la verdadera “prima” era la de La Scala de Milán, escenario que había estrenado su primera ópera y que tanta satisfacción y también tanto dolor le había dado durante su vida. Los ensayos milaneses tuvieron lugar a puerta cerrada y se dice que el maestro amenazó con destruir la partitura si alguien ajeno a la producción entraba en el recinto y revelaba sus secretos. La característica principal de Aída está en la búsqueda de lo esencial. La trama aborda dos temas muy apreciados durante el romanticismo: el triángulo amoroso y la rivalidad de dos naciones. El argumento de la ópera se puede resumir en pocas palabras. Aída, princesa etíope, se encuentra prisionera en Egipto. Egipto y Etiopía viven momentos de guerra. Radamés, jefe militar egipcio y Aída se aman secretamente. Amneris, hija del faraón, también alberga sentimientos hacia Radamés. Al no verse correspondida, su ira y la del padre de Aída, llevarán a los amantes al trágico final.
 
Nos preguntamos, ¿cómo el compositor logró sacar tanto provecho a un libreto aparentemente simple? La respuesta la encontramos en el genio musical de Verdi. Desde la entrada de Radamés en su aria Celeste Aída, el maestro describe en pocos minutos las dos facetas de nuestro héroe. Por un lado, una escala ascendente nos lleva al “trono cerca del sol” que Radamés quiere construir para Aída. En contraste, los vientos en la orquesta nos describen su deseo de poder y de darle la victoria a Egipto, su tierra, sobre Etiopía.
 
El Preludio de la ópera es delicado. Encontramos en él el ambiente exótico que reinará durante la obra. Verdi estudió con avidez la historia del antiguo Egipto, y a través de escalas, arpegios orientales e interesantes combinaciones instrumentales convirtió en protagonistas a las arpas, los oboes y las flautas, y logró obtener una ambientación cercana a la realidad. Aída es también famosa por sus hermosos duetos, seis en total, que son el epicentro dramático de la ópera.
 
Para Verdi, los estrenos de Aída representaron éxitos sin precedentes. Se dice que el maestro en Milán fue llamado 32 veces a la escena. Después del éxito milanés pasarían varios años antes de que Verdi volviera a emocionar a su público con otra gran obra.

Disfrute de Aída el 6 de octubre y 3 de noviembre de 2018 en salas de Bogotá, Chía, Medellín, Cali, Barranquilla, Bucaramanga, Cartagena y Manizales