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“Que nadie duerma...”

| Met Ópera

“Que nadie duerma...”

 Por: Juan José Lopera*

El objetivo de este escrito es muy simple: invitarlos a que vean Turandot este 8 de septiembre en cines, motivarlos, si no conocen la ópera como género, a que se acerquen y aprendan a disfrutarla.

Una aproximación fácil sería contarles que en esta ópera escucharán “Nessun Dorma”, la famosa aria que inmortalizaran muchos grandes tenores, entre ellos Luciano Pavarotti y aquel chico inglés, Paul Potts vendedor de celulares que en un concurso de talentos conquistó las redes con su interpretación.

Pero es que Turandot es muchísimo más que “Nessun Dorma”. Turandot es una ópera exótica, grandilocuente, una de las más breves pero la más fastuosa de Puccini. Está escrita en clave de misterio y, a la manera oriental, su trama se construye en torno a enigmas y acertijos. A nivel musical y vocal, Turandot es una ópera desafiante, que impone exigencias enormes a los solistas. Es una verdadera ópera de lucimiento para la orquesta, el coro, los solistas, los escenógrafos y diseñadores de vestuario.

El primer gran misterio que plantea Turandot es que nadie sabe cuál habría sido su estructura completa, final. Obra inconclusa de Puccini, fue terminada por Franco Alfano y estrenada dos años después de la muerte del compositor. Es considerada la última gran ópera italiana, la última, según algunos, verdaderamente escrita para la voz.

Además, es una ópera llena de amenazantes retos. La Reina de corazón helado, Turandot, desposará a quien consiga develar sus acertijos. Quien lo intente y falle, perderá la cabeza. Turandot es una mujer marcada por el dolor, su implacable frialdad no es gratuita, tiene una razón de ser. Un trauma ancestral se encuentra inscrito en su corazón:  su abuela fue ultrajada por un extranjero y Calaf, príncipe de lejanas tierras tiene la “desdicha” de descifrar los enigmas planteados por la reina y se hace digno de convertirse en su esposo. 

Pero el trauma siempre es más fuerte que las promesas y Turandot, intempestivamente, le impone un nuevo acertijo: Descubrir su nombre.  “... en mi se encierra el misterio, nadie conocerá mi nombre ... lo diré sobre tu boca ... cuando resplandezca la luz...  y mi beso disolverá el silencio que te hará mía” ... Finalmente, Calaf revela el misterio, pronuncia su nombre y el trauma de Turandot se convierte en amor.

También, Turandot es una ópera de momentos sutiles, profundos, entrañables en los que el heroico Príncipe Calaf busca consolar a Liu con la bellísima aria “Non piangere Liu” (No llores Liu) y el bellísimo “Signore ascola” (Escucha señor), que Liu le canta a Calaf, a quien ama en secreto, tratando de disuadirlo de arriesgar su vida por conquistar a la reina...

Muchas veces he pensado que la explosión épica y romántica del cine hollywoodiano de los 1940´s y los 1950´s no habría sido posible sin la intensidad musical y argumental de las óperas de Puccini.  Muchas veces he sentido que en ellas palpita su semilla y, si uno es una persona que ama, sueña y siente, sensible a la belleza, que quiere acercarse y conocer este género musical, ver Turandot es una excelente oportunidad para dar el primer paso.

En Turandot, nadie duerme...

* Cantante de ópera colombiano. Ganó el premio de la Ópera de Viena, el tercer premio en el Concurso Internacional de Canto de la Radio Alemana (ARD) y cantó en los principales teatros del mundo (ópera de Viena, Berlín, Roma, Zúrich).